Lanzarote
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Turísticos La
Ruta de los Volcanes Parque
Nacional de Timanfaya | |
La
isla de Lanzarote, de 845,9 kilómetros cuadrados de superficie, es de origen
volcánico, producto del magma eyectado por infinidad de bocas de emisión,
de las que aún pueden verse sobre su suelo más de cien en forma
de conos o montañas provistas de cráter.
La zona que ahora visitamos, cuyo núcleo orográfico principal son
las Montañas del Fuego, ocupa el Suroeste de la isla, cubriendo los materiales
eruptivos una superficie de unos 200 kilómetros cuadrados. Surgieron las
masas de lava, escorias y cenizas por fantásticos cráteres que se
iniciaron en la Vega de Timanfaya. En total el número de conos volcánicos
principales que han quedado como dramático testimonio de aquel inimaginable
acontecimiento se aproxima a la treintena.
La espectacular
erupción, acaecida en Lanzarote en el siglo XVIII, ha sido una de las más
importantes de cuantas se han registrado en el vulcanismo mundial en tiempos históricos,
no sólo por la enorme cantidad de materiales arrojados sino también
por su larga duración, pues comenzó en Septiembre de 1730 y acabó
en Abril de 1736.
Un testigo presencial de la catástrofe
el cura de Yaiza Don Andrés Lorenzo Curbelo, dice así en su relato
manuscrito: "El día primero de Septiembre de 1730, entre nueve y diez
de la noche, la tierra se abrió de pronto cerca de Timanfaya, a dos leguas
de Yaiza. En la primera noche una enorme montaña se elevó del seno
de la tierra y del ápice se escapaban llamas que continuaron ardiendo durante
diecinueve días". Este fue el espectacular comienzo de unas erupciones
que luego continuarían, con algunos intervalos de reposo, durante un período
de algo más de cinco años y medio.
Desde
el mirador natural de Montaña Rajada, situada a 350 metros de altura, podemos
contemplar una de las zonas más impresionantes de este lugar: un inmenso
mar de lava - que ocupa la mayor parte del Parque Nacional de Timanfaya y se extiende
hasta el mar - en el que se elevan algunos conos volcánicos coronados por
dantescos cráteres y atravesado por largas y profundas grietas producidas
por las fluidas corrientes de lava incandescente.
El material surgido de los cráteres
y de las grietas eruptivas rellenó las depresiones y niveló sensiblemente
las desigualdades del terreno formando una superficie horizontal. El magma incandescente,
al contacto con el mar, levantó formidables columnas de humo y se adentró
en él aumentando considerablemente la superficie de la isla.
En
el histórico manuscrito del cura de Yaiza leemos el siguiente relato: "El
18 de Octubre tres nuevas aberturas se formaron encima de Santa Catalina, y de
sus orificios se escapaban masas de humo espeso que se extienden por toda la isla,
acompañado de una gran cantidad de escorias, arenas y cenizas que se reparten
por todo alrededor. Las explosiones que acompañaron a estos fenómenos,
la oscuridad producida por la masa de cenizas y el humo que recubre la isla, forzaron
más de una vez a los habitantes de Yaiza a tomar la huida".
Buena
parte de la gran extensión que hoy ocupa este inmenso mar de lava fue antes
de la erupción uno de los territorios más feraces de la isla, constituido
por viejas llanuras arcillosas que sustentaban campos de cereales.
Toda la comarca estaba poblada de
lugares y caseríos de muy poco vecindario, siendo de unas 420 el total
de casas que fueron destruidas. Los más importantes de estos núcleos
de población fueron las aldeas de Timanfaya, Los Rodeos, Mancha Blanca,
Santa Catalina, Mazo, Jarretas, Tingafa, Peña Palomas, Testeina, La Geria,
Macintafe, Mozaga, Guagaro, Masdache e Iguadén, a los que habría
que sumar los cortijos de Maretas, Chupaderos y la capilla de San Juan bautista,
cuando menos.
Los volcanes que forman el Parque de Timanfaya
pertenecen al grupo de los denominados hawaianos. Estos proyectan a gran altura
enormes columnas de cenizas, llamadas lapilli, y que transportadas por el viento,
han inundado extensas superficies y han cubierto las laderas y cráteres
de muchas montañas antiguas. De estas copiosas lluvias de lapilli es un
buen exponente el lugar que recibe el gráfico nombre de Valle de la Tranquilidad.
El núcleo principal de la erupción fue
el macizo del Fuego, siendo su cima más alta de 525 metros.
Como accidentes interesantes de las lavas conviene citar los pequeños volcanes
parásitos que se forman al pie de un cono central mayor, así como
los homitos, nombre aplicado mundialmente en la terminología de la vulcanología
a unos diminutos volcanes, generalmente producto de violentos escapes de gas aprisionado
en las coladas incandescentes. Uno de los grupos más interesantes es el
que se encuentra en las proximidades de la Montaña de Timanfaya, la más
elevada de este macizo, por su lado de naciente. Cerca de ellos se asienta el
imponente volcán del Corazoncillo, uno de los mayores cráteres de
explosión de Lanzarote. De sus bordes parten escarpas interiores hasta
el fondo de la caldera, situado a mayor profundidad que el suelo exterior.
Las últimas erupciones acaecidas en Lanzarote, tuvieron lugar en el año
1824 y estuvieron precedidas, como las anteriores, por un largo período
preparatorio de varios años, durante los cuales se registraron en la isla
numerosos terremotos de mediana intensidad. Se caracterizó principalmente
esta erupción por la gran fluidez de las lavas y por las elevadas columnas
de agua salada hirviente que salieron de algunos de sus cráteres, inundando
los alrededores.
La soledad y la quietud de estas caóticas
montañas, imponentes cráteres y profundas calderas, es absoluta.
Un curioso complemento a tan impresionante paraje lo constituyen los numerosos
líquenes de variadas especies y colores que tapizan gran parte de las rocas
y de la escoria, siendo por contra escasos, en un suelo tan virgen, los ejemplares
de plantas superiores, entre las cuales son dignas de mención los juncos,
paradójicamente plantas que, como es sabido, suelen requerir para medrar
terrenos con un alto índice de humedad.
Y como
final de este alucinante recorrido llegamos de nuevo al islote de Hilario, lugar
que presenta como característica más sobresaliente el intenso calor
geotérmico que se registra a escasos centímetros en su interior,
el cual puede sobrepasar los 100 grados centígrados a menos de un metro
de profundidad. Toma su nombre este montículo de aquel Hilario lanzaroteño
que solía visitarlo para hacer acopio de hojas de unas higueras que crecían
a su pie, con las que alimentar a su camella.
En el año 1974 esta zona fue
declarada Parque Nacional. Sus peculiares características volcánicas
y la extraordinaria belleza de su paisaje hicieron posible tal denominación.
The
spectacular eruption occurred in the eighteenth century and is one of the most
important events registered in the world history of volcanism. It is not only
significant for the enormous amount of material discharged, but also for its lengthy
duration, starting in September 1730 and finishing in April 1736.
A
witness to this catastrophe, the priest of Yaiza, Andrés Lorenzo Curbelo,
made the following manuscript statement: "On September 1st, 1730 between
nine and ten at night, the earth opened up suddenly near "Timanfaya, two
Leguas" (approx. 11 km.) away from Yaiza. During the first night, an enormous
mountain rose up from the bowels of the earth; from its apex flames burst out
that continued to burn for nineteen days". This was the spectacular beginning
of the eruptions that would continue, with a few periods of calmness, for a little
more than five and a half years.
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